PRIMERA de TIMOTEO 4:16 dice:
Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.
Hoy en día, esta solicitud de Pablo, cobra más sentido que nunca.
Como en ninguna época, estamos oyendo sobre tendencias, movimientos o teologías que distan mucho de la verdad y doctrina que nos dejaron los apóstoles y se han introducido a las iglesias confundiendo y atrapando a muchos.
Quiero nombrar algunas de ellas:
La Teología de la Liberación, El Movimiento de la Prosperidad, La Teología de géneros o Queer, El Movimiento a volver a las Raíces Hebreas o Judaísmo Mesiánico, El Movimiento Ecuménico, las Iglesias Emergentes,
y así hay muchos otros…
Me atrevo a decir, que la apostasía (o renuncia a la verdadera fe) de los últimos tiempos, y de la cual habla la palabra, se está manifestando ya y la razón está en 2 Timoteo 4:3 y cito: “Porque va a llegar el tiempo en que la gente no soportará la sana enseñanza; más bien, según sus propios caprichos, se buscarán un montón de maestros que sólo les enseñen lo que ellos quieran oír”.
Y lo que la gente quiere oír, es aquello que le permita acariciar su pecado, mantener su ego al control y sentir que están complaciendo a Dios, sin dejar de complacerse a sí mismos; engañándose y acallando sus conciencias. Por eso, algunos, además de interpretar pasajes incorrectamente o sacarlos de contexto, se han atrevido a modificar o eliminar partes de las sagradas escrituras, para que ella diga lo que ellos quieren oír; como por ejemplo la versión de la biblia de la ideología de géneros o la versión del nuevo mundo de las sagradas escrituras.
Estamos viviendo tiempos de confusión y apostasía, quien no tenga un buen fundamento de fe, puede ser presa fácil del enemigo, porque el que no conoce la verdad para ser libre, el enemigo lo inducirá a la mentira, para ser esclavo.
Es importante que cuando alguien nos instruya, comparemos con la misma palabra, en una versión legítima, lo que nos dicen, consultemos con otros más instruidos y, sobre todo, le pidamos al Espíritu Santo que nos guie a toda verdad; hacer esto, como dice el versículo, nos salvará a nosotros mismos y a los que nos oyeren.
