Quiero hacer algunas consideraciones sobre los versículos 6 y 7 del capítulo 1, de la 2da. Carta a los Tesalonicenses, que dice así:
«Dios, que es justo, pagará con sufrimiento a quienes los hacen sufrir a ustedes. Y a ustedes que sufren, les dará descanso, lo mismo que a nosotros. Esto sucederá cuando el Señor Jesús se manifieste desde el cielo entre llamas de fuego, con sus poderosos ángeles,” (NVI)
Tenemos la tendencia a esperar que Dios como buen padre amoroso, ponga en cintura a cualquiera que se meta con uno de sus pequeños. Así que cuando estamos padeciendo una injusticia, oramos para que Dios actúe inmediatamente a nuestro favor y en contra de quien nos hace mal, poniendo las cosas en orden.
Pero esa no es la promesa de Dios para nosotros. La palabra de Dios nos dice en diversas maneras, que en este mundo tendremos persecución, tribulación, aflicciones y sufriremos injusticias y de muchas, no veremos una justa retribución en esta vida presente.
¿Por qué? Hay dos razones principales:
La primera, tiene que ver con el desarrollo de nuestro carácter y santidad. Porque parecernos a Cristo, implica capacidad para perdonar, ser misericordiosos, expresar la clase de amor que vemos en Corintios 13 y eso, requiere un ambiente de práctica, que un mundo caído, provee generosamente.
La segunda, tiene que ver con el ejecutor de la injusticia o maldad de la cual somos víctimas. Dios es paciente y desea que todos procedamos al arrepentimiento, por eso aguanta muchas de las vilezas y bajezas que algunos cometen y no los borra de la faz de la tierra, como esperaríamos que sucediera. De hecho, así fue con nosotros mismos y es por eso, que ahora formamos parte del pueblo de Dios.
Lo que sí prometió, es que dará justa retribución a todos los seres humanos, cuando nuestro Señor Jesucristo se manifieste desde el cielo con los ángeles de su poder en su segunda venida, tal y como lo leí, en el versículo 7.
Y en el 9, describe el fin que tendrán aquellos que no se arrepintieron: «los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder”.
Mientras esperamos su segunda venida, entendamos que estamos en proceso de santificación y que todos están recibiendo oportunidades de arrepentimiento. Nuestro deber como cristianos es manifestar el Espíritu de Cristo y orar, para que ellos también se arrepientan antes que el tiempo se acabe.
