La santidad de Dios es la suma de todas las excelencias morales, de todo el bien posible; es pureza absoluta, sin la más leve sombra de pecado.
Dios es la fuente y causa de la santidad. Su creación la manifiesta, porque está vinculada a Él.
Satanás y los ángeles que cayeron, decidieron desvincularse de su creador; por eso, ya no pueden manifestar su santidad. Sus acciones se distorsionaron de la forma correcta y hermosa que genera la santidad, dando lugar a la maldad y a la oscuridad; lo que es lo mismo que la ausencia de santidad y luz.
El ser humano, al ser tentado y desobedecer, también perdió la comunión con Dios. Esto trajo como consecuencia que su preciosa santidad, ya no se manifestara tampoco en la humanidad.
Dios quiere recuperar la comunión con cada ser humano, pero todo lo que fue contaminado por el pecado, tiene que ser santificado. Por causa de esto, dio a su hijo Jesucristo, quien pagó con su sangre, el precio de nuestra santificación
Hebreos 10:10 dice: Por esa voluntad hemos sido santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo ofrecida una vez para siempre.
Y en el 9:22 dice: Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión (o perdón de pecados).
Solo si crees que el sacrificio de Cristo te limpia y lo haces a Él “el Señor de tu vida”, tendrás el beneficio de la santificación para ir al cielo, porque sin santidad, nadie verá a Dios; como lo señala el mismo Hebreos 12:14.
