1 Pedro 3:3-4 dice: No se interesen tanto por la belleza externa: los peinados extravagantes, las joyas costosas o la ropa elegante. En cambio, vístanse con la belleza interior, la que no se desvanece, la belleza de un espíritu tierno y sereno, que es tan precioso a los ojos de Dios.
¿Quiere decir Dios en este pasaje que la mujer debe descuidar su arreglo exterior y lucir desaliñada o desarreglada?
No. El problema está, en dar demasiada importancia a la forma como lucimos, buscando deslumbrar por nuestro arreglo exterior. Notemos en el pasaje, las palabras: extravagantes, costosas y por demás, elegante.
Dios nos está pidiendo que atendamos también nuestro aspecto interior. Nunca será demasiado todo esfuerzo en este sentido, porque la hermosura más apreciada, valiosa y que permanece, es la interna.
Por eso nos manda a vestirnos con un espíritu tierno y sereno. Esta clase de hermosura produce una sensación de bienestar y armonía en los demás, que podríamos decir, que trasciende y embellece también el entorno.
Seamos mujeres de belleza integral y glorifiquemos a Dios por ello.
