Marcos 10: 23-27
23 Jesús miró alrededor y les comentó a sus discípulos:
—¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios!
24 Los discípulos se asombraron de sus palabras.
—Hijos, ¡qué difícil es entrar[a] en el reino de Dios! —repitió Jesús—.
25 Le resulta más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.
26 Los discípulos se asombraron aún más, y decían entre sí: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?»
27 —Para los hombres es imposible —aclaró Jesús, mirándolos fijamente—, pero no para Dios; de hecho, para Dios todo es posible.
En el contexto de discutir sobre la dificultad que tiene una persona, que confía en las riquezas, para entrar al reino de Dios, Jesús declaró categóricamente que para los hombres es imposible salvarse.
Sin embargo, junto con la sentencia de incapacidad del hombre, inmediatamente Jesús enfatiza la capacidad plena de Dios para salvarnos. Para lograr esta salvación, Dios tiene que liberar al hombre del castigo del pecado, sin omitir la justicia y es por ello que Jesús es crucificado. Pero a su vez, debe convencer al hombre de pecado, justicia y juicio para que decida aceptar esta salvación tan grande. Dios hace su parte en forma perfecta, buscando que tomemos esta decisión. Así que cuando estemos orando por nuestros amigos o familiares inconversos, descansemos en la obra de Dios y en su deseo de que todos procedan al arrepentimiento, porque en cuanto dependa de Dios, su parte siempre será hecha.
