¿Los cristianos, pecamos o no pecamos?

En la Biblia leemos versículos como este: 1era. de Juan 3:9, Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

Por otro lado, tenemos 1era. de Juan 1:10 que dice: Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.

¿Cómo podemos armonizar estas dos verdades aparentemente contradictorias?

La clave está en la palabra practicar. Cuando hacemos de algo una práctica, nos volvemos naturales ejecutores de lo que practicamos. Llegamos a niveles “expertos” con el paso del tiempo.

Las personas que no han nacido de nuevo, por el Espíritu de Dios, no pueden evitar la práctica continua del pecado, porque es parte de la naturaleza caída, no redimida; de hecho, no se percatan lo naturalmente que brota de ellos. Participan de esta dinámica destructiva, cada día, unos con otros, e inclusive se alientan, basados en su relativa moral.

El que ha nacido de nuevo por la fe en Jesucristo, rompe con esta práctica e inicia otra; la de la santidad. A través del Espíritu Santo que vive en nosotros, tenemos una mayor convicción de pecado y una mayor capacidad y claridad para actuar, basados en el amor de Dios, que fue derramado en nuestros corazones. En este proceso, podemos ocasionalmente fallar, especialmente cuando descuidamos el hacer morir las obras de la carne, por no andar en El Espíritu, pero eso es tema de otra ocasión. En todo caso, entendemos que los pecados que cometemos en este nuevo aprendizaje de la santidad, son aquellos de los cuales el apóstol Juan nos dice:

Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

Así que ahora podemos entender, que ya no somos pecadores, sino santos que pecamos ocasionalmente.

 

También puedes ver este devocional en video:
Abrir chat