Hebreos 13:15 Dice, Por tanto, ofrezcamos continuamente mediante Él, sacrificio de alabanza a Dios, es decir, el fruto de labios que confiesan su nombre. (LBLA)
En el primer siglo de la Era Cristiana, confesar el nombre de Jesús, implicaba persecución e inclusive la muerte. Nadie se atrevía a hacer esto, si no estaba movido por una genuina conversión. En este tiempo presente, cualquiera llama Señor a Jesucristo; al no existir riesgo por ello, muchos lo hacen sin entender, ni haber asumido realmente su señorío.
El versículo nos dice que hay un fruto, “de los labios que confiesan este nombre”; no es solo palabras que salen de una boca. Este fruto se compara a un sacrificio de alabanza. La palabra sacrificio usada aquí significa “matar con un propósito” y dar alabanza a Dios requiere que matemos nuestro orgullo, temor, negligencia y cualquier cosa que afecte nuestra relación de confianza y dependencia a Él; inclusive, el mismo versículo nos dice que para hacer este sacrificio, debemos hacerlo mediante Él o en dependencia a Él, (refiriéndose a Jesucristo), porque solos no podemos. Así que es una cadena de acontecimientos: Asumir el señorío de Cristo, matar lo carnal o pecaminoso en nosotros con su ayuda, esto dará alabanza a Dios y de nuestra boca saldrá la confesión del nombre de Jesucristo, con todo el sentido que esto conlleva, para un mundo que entenderá mejor de que se trata el evangelio.
