En estos días ocurrió una situación con un aire acondicionado de mi casa. Comenzó a prender y apagar solo, cambiar sus funciones y temperaturas por sí mismo. Parecía que había cobrado vida y estaba enloquecido. Habíamos descubierto previamente que los cables eléctricos que lo alimentaban, no habían sido pasados por tubería, sino recubiertos con cemento. Estos cables estuvieron expuestos a una filtración en la pared por largo tiempo y pensé que la causa del daño era esa. 

Me aterré cuando consideré que cambiar el cable implicaba romper piso y paredes; además, sin saber con seguridad, la trayectoria del mismo; o que cualquier otra solución, sería costosa y complicada. Veía el asunto como un gran problema. Me fui a dormir con todo esto en la cabeza.

Esa noche tuve un sueño muy vívido, estaba en mi carro, en una barriada sumamente peligrosa de la ciudad de Caracas, junto con dos de mis hermanas. Ya estaba cayendo la noche cuando nos bajamos las tres del carro para entrar a un comercio. Al salir, el carro no estaba. Me lo habían robado. Junto a la sensación de haber sido despojada de un bien preciado, supe que estábamos en gran peligro, no podíamos resguardarnos en el vehículo, ni salir de aquel lugar que se hacía cada vez más peligroso.

Luego desperté y mi alivio fue indescriptible, recapacité y me di cuenta que mi actitud de la noche anterior, no había sido correcta. A veces creemos que lo que nos pasa es lo peor, pero hay verdaderos problemas que otras personas viven o que nosotros mismos podemos vivir; pero, debemos confiar en Dios y ser agradecidos ante cualquier situación que nos acontezca como lo dice 1 Tes. 5:18 Dad gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. 

Comencé a darle gracias a Dios por mi pequeño problema. Cuando el técnico vino, encontró que el daño estaba en el botón manual de encendido, lo retiró del equipo y todo quedó solucionado.

Debemos ser agradecidos porque sabemos que hemos recibido mucho más de lo que merecíamos, somos libres y salvos gracias a Jesucristo; y no nos faltaran las añadiduras que vienen con este precioso regalo.

 

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